En 1926, un farmacéutico alemán llamado Alois Schill bajó del tren en Nuevo Casas Grandes, Chihuahua, trayendo consigo el oficio de un boticario del viejo mundo a un pueblo del nuevo. Junto con su esposa Ursula construyó con sus propias manos un pequeño local, y ahí elaboró una vainilla — precisa como una receta de botica, cálida como una cocina — que los vecinos empezaron a pedir por su nombre.
Su hijo Gerhard la elaboró durante décadas en ese mismo local, para las mismas familias — y para sus hijos, y los hijos de sus hijos. Las botellas viajaron al norte en maletas y guanteras, de cocina en cocina, cruzando la frontera. Nunca se anunció. Nunca hizo falta.
Hoy la receta vive con Carol, la esposa de Gerhard, quien la sigue elaborando en el local que construyeron Alois y Ursula, y con la tercera y cuarta generación de la familia, que hoy preparan la vainilla familiar para su segundo siglo — con cuidado, como lo haría un farmacéutico.
El segundo siglo comienza pronto. Nos encantaría que estuvieras ahí cuando llegue.